Busco los espacios para encontrarte, decía la última nota que dejaste pegada en la pantalla del televisor. Una noche antes, mientras veía el noticiero, apagaste abruptamente el televisor sin consultarme, volteé la mirada hacia ti en señal de reproche, pero tú me ignoraste y más bien preferiste clavar los ojos en el cielo raso, no dije nada. Doble el cuerpo, me sumergí entre las sábanas como quien se acomoda para dormir; mas, el denso silencio que cubría tu respiración me obligó a preguntarte si estabas bien o si querías hablar; permaneciste callada y, al voltear mi cuerpo hacia ti, constaté que tu mirada ya no estaba en la habitación. Te observé por varios minutos, abracé tu brazo desnudo y helado, reconocí un ligero halo de aliento, besé tu mano cobriza y huesuda hasta quedarme dormido. Busco los espacios para encontrarte, decía la nota. Ahora te busco en el parque que bordea la ciudad, en el tarco de la plazuela que conserva pocas flores. Me detengo en la esquina donde su...