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BANDA DE FANTASMAS



Pasan por mi vereda algunos fantasmas, uno de ellos arrastra botellas que por la habilidad con que fueron atadas a los tobillos no podían romperse; otro tiene amarrado al cuello una bandera de tres colores mezclados entre sí, sostiene en sus manos un cartón sin fondo al que golpea según el ritmo que impone el Himno Nacional. El que estaba más atrás sopla un tubo de plástico tal cual lo hacen los trompetistas de una banda carnavalera. 

Los tres se propusieron no dejarme dormir, de rato en rato descansan e intercambian los instrumentos y se ríen y se golpean y hacen fila para volver al desfile. 

El más gordo arrastra sus sandalias, el del tambor, acostumbra hacer caer las baquetas, pero lo que más preocupa a sus compañeros de banda es la desentonación de la trompeta porque con facilidad pasaba del himno a la caraqueña. De esa manera transcurre la noche, ellos dan vueltas y vueltas por la calle, como esperando que salga aplaudir a tan peculiar desfile, y yo, con el rostro cubierto por las sábanas, convenciendo al sueño para que empiece a llegar. 

En algún momento, pensé, que se trataba de los locos que siempre miran a mi ventana, pero no, no eran ellos, eran fantasmas que alguna vez estaban detrás de mi espejo. 

2012

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