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TAN CERCA

Estoy tan cerca que la piel se estremece los fantasmas se extravían y mueren las ausencias en este viaje se desvanecieron los deseos y el tiempo ahora no tiene principio ni final Estoy tan cerca que los ojos y la boca se juntan  dicen que allá  la lluvia se detuvo que el sol dejó de arder y que el viento abandonó a la partida.

YA NO ES NADA

Esta locura nubló al tiempo Está raquítica y hambrienta locura Se desespera, golpea y vuelve a despertar La locura desafía al miedo Y enfrenta al dolor Hoy, el silencio está mutilado y descansa en el tapete Junto a la ficción de tu voz A la ficción de mi nombre Cerrar los ojos y perder de vista a la muerte, a la vida En este instante que ya no es nada.

MALENITA

Escondí tu inocencia debajo de la luna maletas blancas, ruana café y sandalias rosadas malenita abandonó la casa y bailó a media noche dicen que se enamoró un día y dicen también que abre sus ojos mientras besa para reconocer su nombre. Malenita empieza a dormir apoyada en un árbol azul, La última vez que la ví columpiaba para alcanzar al cielo y reía y gritaba cada vez más fuerte. …Malenita, espero detrás de la luna y descanso junto a las mariposas que guardaste en mi bolsillo de nilón.

AL DESPERTAR

LA CIUDAD

¿Dónde está la ciudad? ¿Dónde termina la ciudad? Hemos construido una ciudad imaginaria, estamos enamorados de sombras azules que no permiten ver más que palacios, iglesias y conventos, arcos del triunfo, románticos paseos por la arboleda y balcones florecientes. ¿Dónde comienza la ciudad? ¿Desde dónde podemos ver la ciudad?

ESTOS SUEÑOS

Este laberinto de espuma encuentra una puerta entreabierta por donde ingresan voces desconocidas, a veces gritos y silencios, también desconocidos. Por medio de las rajaduras de esta ventana, Malena baila dando vueltas y de puntillas. Es las seis de la mañana, aún las aceras no empezaron a correr y el rocío que se mezcla entre mis cabellos, no tiene miedo de enfrentar al sol. Son estas imágenes que saltan y desafían al tiempo, Son estas imágenes que construyeron retiros y tristes mentiras para fingir no sentirse solas.

EL ICH’U DE POCOATA: HAY QUE TENER PELOTAS PARA ENTRAR AL CENTRO DE SUCRE

Sentado en el borde del muro descolorido, el Ich’u juega con el equilibro, sujetando su delgada voz en el charango a quien abraza como a una wawa de pecho. Las cuecas, los huayños y los bailecitos nos ayudaron a tragar a ese infame trago mezclado con Yupi. Él cantaba sin descansar con los ojos cerrados, y yo, a su lado, le pasaba de rato en rato el vaso desportillado lleno de alcohol. Luego de 20 años me encontré con José Luis Santander, el I’chu, caminaba despacio por la calle Arenales rumbo a la Plaza 25 de Mayo y en medio del acostumbrado “¿cómo te va?” le comenté que lo vi en la televisión cantando y zapateando en un programa dominguero, así es, dijo José Luis, como hasta ese día creí que se llamaba. Con cierta seguridad, mencionó que hace siete años decidió vivir de la música y aseguró que no hará otra cosa en adelante. Quedé sorprendido, y porque no admitirlo, forrado por una profunda envidia, para compensar ese sentimiento le propuse entrevistarle, de esa ma...