Ir al contenido principal

MALENITA



Escondí tu inocencia debajo de la luna

maletas blancas, ruana café y sandalias rosadas

malenita abandonó la casa y bailó a media noche

dicen que se enamoró un día

y dicen también que abre sus ojos

mientras besa para reconocer su nombre.

Malenita empieza a dormir

apoyada en un árbol azul,

La última vez que la ví

columpiaba para alcanzar al cielo

y reía y gritaba cada vez más fuerte.

…Malenita, espero detrás de la luna

y descanso junto a las mariposas que guardaste

en mi bolsillo de nilón.




Comentarios

Forcadelta5 ha dicho que…
I found that Portugal is in fact the most racist place on earth; especially toward African blacks! It's as if they have never seen a black person before and the Portugee culture is not only backwards (as if you steped in a time machine and went to the year 1899) but the citizens where exceptionally ignorant. It was as if you were talking to a wall rather than a human being. The Portugee also seemed
to be trapped in another dimension of space and time because they kept on talking and mumbling about the past rather than the present...it was pretty funny actually. I found this website that offers a Dr.'s opinion about the racism in Portugal and why the xenophobic culture is not just promoted within
but exported as well to everywhere else they may be living. Strange since i've never heard of racism being described that way before?? Portugal seem to be experts in racism, especially in Canada and the U.S.

http://portugalisaracistcountry.blogspot.ca/

Cheers,
Forcadelta5

Entradas populares de este blog

EL ICH’U DE POCOATA: HAY QUE TENER PELOTAS PARA ENTRAR AL CENTRO DE SUCRE

Sentado en el borde del muro descolorido, el Ich’u juega con el equilibro, sujetando su delgada voz en el charango a quien abraza como a una wawa de pecho. Las cuecas, los huayños y los bailecitos nos ayudaron a tragar a ese infame trago mezclado con Yupi. Él cantaba sin descansar con los ojos cerrados, y yo, a su lado, le pasaba de rato en rato el vaso desportillado lleno de alcohol. Luego de 20 años me encontré con José Luis Santander, el I’chu, caminaba despacio por la calle Arenales rumbo a la Plaza 25 de Mayo y en medio del acostumbrado “¿cómo te va?” le comenté que lo vi en la televisión cantando y zapateando en un programa dominguero, así es, dijo José Luis, como hasta ese día creí que se llamaba. Con cierta seguridad, mencionó que hace siete años decidió vivir de la música y aseguró que no hará otra cosa en adelante. Quedé sorprendido, y porque no admitirlo, forrado por una profunda envidia, para compensar ese sentimiento le propuse entrevistarle, de esa ma...

LA TROMPETA DE FELIPE

  Lo acusan de robar una radio National, una plancha Phillips, una máquina de escribir marca Royal modelo 1951 y un tocadiscos Pioneer de dos velocidades. Lo detienen en la puerta del colegio dos policías de civil. La directora interrumpe violentamente la clase de música y solicita al profesor dar permiso al estudiante Cabrera para encontrarse con sus padres que lo requieren en la puerta del establecimiento. Felipe, antes de salir, guarda los cuadernos, las carpetas y libros en el compartimento del pupitre y se retira peinando -con los dedos de uñas largas- sus encrespados cabellos negros. La maestra lo acompaña hasta la puerta de salida y, sin esperar que Felipe se despida como suele hacerlo todos los días, cierra el portón de madera con tal fuerza que el eco tosco revota como pelota de ping pong entre las paredes de ladrillo. Al pie de la acera, endereza la mirada para buscar a sus padres; en eso, una mano ancha y sudorosa agarra el brazo de Felipe y sin dar tregua ni tiempo ...

ROCÍO

  Sus manos están erosionadas. Manchas negras ondulan por sus huesos, dejan ver grietas extendidas; dedos temblorosos, uñas largas y gruesas. Así la encontré. Ella me enseñó a fumar, “como los machos debes hacerlo”, decía, ponía el cigarrillo en los labios, cerraba los ojos y aspiraba por largos segundos hasta que el último aliento abría un pequeño espacio en la boca de donde escapaba el humo gris, se elevaba una catarata desafiante a la gravedad. Las comisuras flexionadas mostraban una leve sonrisa. Rocío le decían sus amigos, pensé que así se llamaba; pero no, una noche -en una de las acostumbradas caminatas que solíamos hacer por la ciudad- me contó que sus padres la bautizaron como Cecilia; pero, como en la escuela muchas se llamaban así, decidió presentarse como Rocío. -¿Cómo el rocío de la mañana? le pregunté. -No, más bien como la Rocío de una película japonesa que vi cuando fui niña. Ella aprendió a tocar el violín después de reconocer que su mente tenía un modo par...