Mi vida fuimos a volar con un solo paracaidas, uno solo va a quedar volando a la deriva, vivir asi no es vivir, esperando y esperando, porque vivir es jugar y yo, quiero seguir jugando... le dije a mi corazon, sin gloria pero sin pena no cometas un crimen ...mi amor, si no vas a cumplir la condena, quiero vivir dos veces para poder olvidarte, quiero llevarte conmigo no me voy a ninguna parte no te preocupes paloma, hoy no estoy adentro mio, tu amor es mi soledad, estoy en un tiempo vacio, no te preocupes paloma, no hay pajaros en el nido, dos iluciones se iran a volar, pero otras dos han venido... si me olvido que vivir colgando de un sentimiento, voy a volver para repetir cada momento, te bajaria del cielo, la luna hasta tu cama, porque es muy poco mi amor solo una vez por semana, puse un precio a mi libertad y nadie quiso pagarlo, te cambio tu corazon por el mio, para cuidarlo, armas de gloria que bien, quiero un pedazo de cielo, para invitarte a dormir en mi cama o en el suelo, un sacrificio virtual, bien o mal yo quiero hacerle una estrella sin principio ni final, yo no puedo vivir, sin ella........
Hace muchos años, Adrián ingresó a una pequeña escuela. Le prometieron que tendría amigos, que jugaría con ellos y que aprendería a leer, “ya no te quedarás prendido a las fotografías, leerás estos libros gordos que me acompañan desde la niñez”, le dijo su entusiasmado padre; Adrián lo escuchó sin demostrar interés alguno, su mirada estaba detenida en el gato que se acicalaba para dormir. Al cruzar la puerta, su madre lo dejó acurrucado en el umbral, se encogió como un gusano asustado, la bulla, los olores desconocidos, las altas ventanas y las preguntas lo acorralaban. Adrián se refugió en las imágenes que sostenía su mente: las fotografías del bosque, las canciones de su padre y la oscuridad de las sábanas. La escuela, ese espacio prometido de colores y juegos, para Adrián representó un peligro. Nadie hablaba con él, la profesora solo ordenaba qué hacer, le preguntaba con un lenguaje ajeno, al no entender qué -en realidad- quería la profesora, sus lágrimas brotaban como e...

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