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Entre las sombras

Es el milagro que empuja a la razón son tus sombras las que no mienten las que no marcan dudas Es la memoria que se paraliza y detiene al olvido

NO ME GUSTAN LOS CLÁSICOS

Hace algunos días, un amigo me llamó por teléfono para avisarme que había conseguido muchos discos en MP3 con canciones de los años 80 y 90, además de libros que, en aquellos años, estaban "de moda"; su emoción no le permitía cerrar la boca y esperar mi respuesta, por lo que continúo hablando sobre sus nuevas adquisiciones, por ejemplo, los dibujos animados de la década del 80, las telenovelas, las publicidades, pero fue más lejos, me dijo que había conseguido un aparato Betamax, que le permitiría ver las películas que él hasta hoy las guardaba, repetía frecuentemente que nada se compara con lo que se producía y se hacía en aquellos años, desde la música, la forma de vestir y peinar, de bailar, de soñar, de pelear y de amar. Al final, se comprometió a prestarme los "nuevos" discos adquiridos para que yo los queme en mi computadora (por lo menos no me sugirió que los grabe en un tres en uno). El mal humor cundió en mí pero no fue lo suficientemente valiente como ...

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Sobre un mismo hecho existen muchas percepciones, todas son legítimas, todas tienen el mismo derecho de ser escuchadas y respetadas, esa es la libertad que me permite ver al mundo y abrazar la percepción que más se ajuste a mis ideales.

SALIENDO DE CASA

TU DISCRETA MIRADA

Estábamos tragando la respiración, y sacando brillo a la sombra, esperábamos, desde lejos, que tu discreta mirada finja no vernos estábamos callando a los tambores, tapando a las trompetas, impidiendo los aplausos, trepando cornisas, lanzándote nuestro último boleto. Ahora, el eco de la trompeta es más pequeño, ahora, el silbido de tus tacones perdió su ritmo ahora, aún estamos aquí, esperando que tu discreta mirada termine de voltear. 2010

EL OTRO YO

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo. El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo. Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suici...

SOMBRAS EN LA CALLE

Cada ciudad guarda rostros, que con el tiempo se convierten en referentes de la identidad de un pueblo. A diario, vemos en la calle a estos rostros que por tanto verlos, se convierten en olvido, pero están ahí, con su canto, su música acompañando, como si fueran un murmullo, a las voces que están perdidas entre nosotros, a las ideas desordenadas que no se detienen ante la calma. Benditas las sobras que están en las veredas, benditos los que no parten, los que siguen esperando en el zaguán.