Cuando Trifón Pemintel Mercado tenía 12 años dejó a sus compañeros del Colegio Nacional Junín para dedicar su vida a la fabricación de guitarras, charangos y mandolinas. Su abuelo, Hermógenes Pemintel, fue el responsable de enseñarle este arte que dio sentido a su vida. A diferencia de otros maestros, no sólo le transmitió conocimientos, también la capacidad para aprender de las experiencias, aquellas que se construyen día tras día. Don Trifón asegura que tomó esa decisión para ayudar a su abuelito que -por entonces- ya se le veía cansando, sin embargo, y aunque no es preciso decirlo, desde muy chico fue sutilmente tentado por la madera, el cincel, las lijas, el variz, las guitarras y los charangos. A los 19 años fue al Servicio Militar y se alejó por ese tiempo del taller ubicado en calle Junín, cerquita al Cementerio, donde aún vive y trabaja. En ese domicilio creció don Trifón junto a sus abuelos y a una de sus tías quienes se hicieron cargo de él debido a...