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CAÍDA LIBRE

Quién puede entender a estos viejos que sin disimulo miran desde abajo, parece que terminó su paciencia y más bien se empeñan en detener al tiempo, que obstinación más precisa, que impulso decidido tienen en sus ojos. Así se dejan caer.  Sus manos no templaron esa mañana y su voz se abrió camino entre los bulliciosos pasillos y las miradas detenidas en su recuerdo, quien sabe si partió con ellas.  Por fin hallaron la liberación y el pudor abandonó los sentidos, ahora es más fácil respirar, hablar, oler, ver, tocar y escuchar.  Cada vez son más cortas las visitas, dejó de esperar y olvidó al deseo, abandonó la locura y saltó al vacío… Sabe que en algún momento dejará de caer, mientras tanto ve al cielo, al sol, al frío, al viento, a la lluvia, a los árboles,…a tus pequeños ojos que cambian de color con el brillo de la luna, con la fuerza del sol.  En recuerdo de mi tío Eduardo Vásquez 1930 - 2014

SIN LUZ

No necesito de la luz para sentir que estás aquí seguiré imaginando estar bajo el sol colgado de un árbol cuidando tu fulgor.

TE MIRO

Me propuse burlarme del semáforo y de la arrogancia de quienes por tanto hablar olvidaron respirar. Hoy, el día tardará en llegar a su fin, el segundero aprendió a cojear y la ciudad desentona su habitual melodía. Aquí construí mi entierro para escuchar sin mirar y ver con las orejas tapadas. El mundo así se dibuja en mí.  ¿Cuántas historias serán verdad? Pregunté cuando pasaba por la estación y el sol hacía gala de su soledad. Yo seguí bajando con mi caminar cada vez más somnoliento, arriba estaba la casa y su laberinto, el desmemoriado pequeño reloj y los almuerzos bulliciosos. Del otro lado, los amigos empujaban sueños, deseos, sin permitirme cerrar los ojos para sentir a las comisuras que se abrían con la lluvia.  Mis padres, mis hermanos, los amigos, los amores y mis hijos apagaron la luz esta mañana, se despidieron en la puerta, luego, abrieron los paraguas azules, amarrillos, verdes, rojos, blancos y violetas. Desde aquí se ve como mixtu...

AVIDEZ

La avidez frenó a las palabras, empujó al camino y a los rieles pero no me enseñó a flotar. La avidez provocó que las lágrimas lleven tu nombre y confundió al sudor que encerrado estaba en mí. Esta avidez impuso el pasado y el futuro, es la que se afana en marcar el tiempo y entristecer tras su partida.

DEL OTRO LADO

Tu caminar presuroso y el gélido aliento empañaron a mis ojos Mas tu mirar se quedó en mí. Fue entonces que cerramos la puerta mientras entraban las canciones junto a las risas, el desenfreno, el deseo y la mentira. Recuerdas, el tiempo solo asomaba por la ventana viendo a los dos inventar escusas así   olvidar a las persianas. Ahora, estamos del otro lado allá, la respiración mutó en ausencia y la risa en silencio.

FALDAS RESBALADIZAS Y BLUSAS REVENTADAS

Seguí sus pasos que recorrían la habitación. Se detuvo frente al espejo para acariciar sus manos con un protector, a tiempo de esforzarse para detener a la falda que resbalaba entre sus muslos. Me miró mientras el botón de la blusa quería reventar. Se sentó al borde de la cama y revisó el celular. Se paró y de una patada mandó a un rincón del cuarto a mis queridos zapatos cafés.  Me miró, se acercó y la palma de sus manos rosaron mis labios. Estiró la falda una vez más y dejó la puerta abierta.