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SUZANNE

Detuve la mirada en la espesa inmensidad que desenfocaba su perspectiva. El silbido se abrigó en las notas melancólicas de una canción de Leonard Cohen (Suzanne), se abrió paso entre el ruido y animó a mis pasos sin que logre despejar a la mirada. Las calles se ampliaron y la ciudad creció como un globo, un espejo retrovisor. La mirada -sin el menor esfuerzo- se enteró simultáneamente de las más grotescas intimidades y los hechos más sorprendentes: las carteras extraviadas, la pelea de dos niñas, el beso desordenado de dos ancianas, la desesperación de dos perros que no podían separar sus colas, mientras tanto Cohen empujaba a mis pasos. El viento continuó dando vueltas por la mirada detenida, traspasó las paredes y salió por las ventanas, el calor logró acomodar su color en mi rostro y su vuelo quedito viajó al ritmo de Suzanne. Cuando el silbido simulaba escurrirse entre la muchedumbre, su eco aún guiaba mi caminar, de pronto, como si fuera un sacudón de fortalezas, to...

ENCUENTROS

  He cerrado los ojos esta mañana, recién pude ver al frente un blanca capa por donde transitaban imágenes, de pronto, cuánto más resistía mi cuerpo, mis dedos, mis pierdas y mis manos se individualizaron acompañadas por la respiración que poco a poco asumía un ritmo desconocido. Abandono al pensamiento, a las ideas y a los sueños, a las palabras, a los deseos y a los nombres. Luego me levanté, abrí la ventana y empecé a correr para salir a la calle donde encontré partes de mí que creí abandonadas... javier  jcv

LA VEJEZ

Hoy, se desecha fácilmente para presumir tener algo nuevo, con más frecuencia los tachos de basura revientan antes que llegue el recolector, los hospicios están más llenos que las terminales, los correos se cierran por falta de envíos, agonizan los ring, ring de los teléfonos fijos. Todo, todo lo desechamos porque ahora el camino a la vejez es más corto. Hoy, la ancianidad es la antesala de la muerte, por eso, lo viejo asusta y repugna. Pero que tontos somos, debemos entender que la vejez olvidó brillar para alcanzar la libertad, es cuando escasean los recuerdos, los antojos casi inexistentes, se come porque se tiene que vivir, se viste para no sentir frío y se habla lo suficiente para no perder de vista al silencio, al futuro, prácticamente se dejó de mirar, es el presente que culmina con el sueño y renace con el ruido de la calle.    Las fotografías de este DERETIRO intentan mostrar –de algún modo- la vejez de las cosas, los árbole...

CAÍDA LIBRE

Quién puede entender a estos viejos que sin disimulo miran desde abajo, parece que terminó su paciencia y más bien se empeñan en detener al tiempo, que obstinación más precisa, que impulso decidido tienen en sus ojos. Así se dejan caer.  Sus manos no templaron esa mañana y su voz se abrió camino entre los bulliciosos pasillos y las miradas detenidas en su recuerdo, quien sabe si partió con ellas.  Por fin hallaron la liberación y el pudor abandonó los sentidos, ahora es más fácil respirar, hablar, oler, ver, tocar y escuchar.  Cada vez son más cortas las visitas, dejó de esperar y olvidó al deseo, abandonó la locura y saltó al vacío… Sabe que en algún momento dejará de caer, mientras tanto ve al cielo, al sol, al frío, al viento, a la lluvia, a los árboles,…a tus pequeños ojos que cambian de color con el brillo de la luna, con la fuerza del sol.  En recuerdo de mi tío Eduardo Vásquez 1930 - 2014

SIN LUZ

No necesito de la luz para sentir que estás aquí seguiré imaginando estar bajo el sol colgado de un árbol cuidando tu fulgor.

TE MIRO

Me propuse burlarme del semáforo y de la arrogancia de quienes por tanto hablar olvidaron respirar. Hoy, el día tardará en llegar a su fin, el segundero aprendió a cojear y la ciudad desentona su habitual melodía. Aquí construí mi entierro para escuchar sin mirar y ver con las orejas tapadas. El mundo así se dibuja en mí.  ¿Cuántas historias serán verdad? Pregunté cuando pasaba por la estación y el sol hacía gala de su soledad. Yo seguí bajando con mi caminar cada vez más somnoliento, arriba estaba la casa y su laberinto, el desmemoriado pequeño reloj y los almuerzos bulliciosos. Del otro lado, los amigos empujaban sueños, deseos, sin permitirme cerrar los ojos para sentir a las comisuras que se abrían con la lluvia.  Mis padres, mis hermanos, los amigos, los amores y mis hijos apagaron la luz esta mañana, se despidieron en la puerta, luego, abrieron los paraguas azules, amarrillos, verdes, rojos, blancos y violetas. Desde aquí se ve como mixtu...

AVIDEZ

La avidez frenó a las palabras, empujó al camino y a los rieles pero no me enseñó a flotar. La avidez provocó que las lágrimas lleven tu nombre y confundió al sudor que encerrado estaba en mí. Esta avidez impuso el pasado y el futuro, es la que se afana en marcar el tiempo y entristecer tras su partida.