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SIN MI Y EN MÍ

Te acuerdas... Entretanto el sol moría en el  azul intenso del  cielo, en tu habitación la noche se hacía eterna. Entonces,  fuiste  la más amada por todos mis silencios, por las calles, por las ventanas, por los recuerdos, por las locuras y los sosiegos que  recreaban tu nombre, tu misterio, tus palabras,  tus ojos, tus labios, tu cansancio, tu rabia, tu apatía, tu risa y tus lágrimas  prohibidas a las que solíamos mentir sin pudor ni arrepentimiento. Javier Calvo Vásquez Sucre, 28 de agosto de 2019

A PESAR MÍO

Un día soñé correr por un cerro cualquiera con mis perros, junto a las locas cabras y mis queridos gatos.  Sabía que se trataba de un sueño, por eso mismo corrí con más fuerza superando los tropezones, esquivando las piedras, atragantado con la saliva gelatinosa y el sudor que nublaba mis ojos.  Sabía que era un sueño del que no quería salir.  En tanto daba saltos por el cerro lleno de baches y churquis, te observaba.. estabas a los pies del pino enano, tarareabas una vieja canción floydiana. ¿Cymbeline o Julia Dream? ¿Te acuerdas?  Desde entonces hablamos y permanecemos en silencio sin que nadie interrumpa. Sé que es un sueño del que despertaré en cualquier momento, …muy a pesar mío. Javier Calvo Vásquez 

EL DESMEMORIADO

Los lunes, doña Andrea, no compraba pan ni barría la acera de su casa. Las cortinas permanecían cerradas hasta medio día, justo cuando su esposo, don Felipe, se escurría entre el delgado espacio que dejó la puerta de calle. Llevaba una bolsa descolorida con líneas horizontales, apretaba el paso al doblar la calle La Paz y con la mirada en el piso evitaba saludar a los vecinos. Retornaba después de media hora, la bolsa guardaba dos ollas y una jarra de plástico con refresco. En esa casa vivían seis familias, con ellas, muchos perros y gatos de diferentes colores y humores.  -Te acuerdas, dejaste abierta la puerta esa mañana, desde entonces es difícil calentar esta habitación. –Exclamaba doña Andrea- sin mirarlo a los ojos, entre tanto soplaba las diminutas cenizas que guardaba la cajita de lata oxidada con dragones y gueisas.  Doña Andrea y Don Felipe eran muy queridos en la calle Omiste. Después de almorzar el sol se posaba en su balcón donde ella ordenaba un pa...

ANTONIA Y SUS CUATRO MUJERES

Cada mañana, doña Antonia, empuja el puesto de pastillas, galletas, pipocas y cigarrillos. La fuerza de su cuerpo descansa en la mano izquierda y en las piernas que la obligan a reclinarse como lo hacen los mineros al empujar el carro de hierro con mineral. La otra mano está entumecida, tiene los dedos doblados y adoloridos por la artritis. Su nieta mayor, que no tiene más de 12 años, la ayuda con la sombrilla y el cochecito de la prima menor que hace poco cumplió tres años, ella, arrastra su pequeña mochila. A partir de los primeros meses de 2018 su puesto estacionó en la calle Rosendo Villa, a metros del Salón Velatorio, al frente de un supermercado, sus propietarios indignados por la irregular competencia la obligaron a migrar a la vuelta sobre la calle Pastor Sainz. Guardaba su quiosco móvil en el Centro de Estudios de Posgrado de la Universidad. -Busqué por todas partes, solo encontré este lugar donde hay no más movimiento. –dice doña Antonia- y se sienta en la banqu...

AMAR CON EL VIH

Su infancia transitó entre Sucre y Tarabuco, 64 kilómetros de ir y volver por el mismo camino de tierra, en ese espacio frío la pampa y las montañas se mimetizan en el cielo y la imaginación da rienda suelta al deseo, al miedo, a la mentira, a la eternidad.  Luis Valdés nació en Sucre y vivió en Tarabuco hasta los cinco años, luego de un tiempo, su mamá decidió radicar en la ciudad junto a sus ocho hijos, sin que esto suponga romper el vínculo con su esposo, a quien lo visitaban los fines de semana y en las vacaciones para ayudar en la siembra y cosecha de papá, en la venta de ají y grasa, en el aprovisionamiento de yerba para los animales y en el pasteo de ovejas, en esa época, Luis además jugaba fútbol con sus amigos, saltaba por encima de las fogatas en San Juan y aprendía a cocinar.  Su papá es un terco agricultor que con los años le fue más difícil sentirse cómodo en la ciudad, por eso, cuando llega a Sucre a comprar víveres y otros enseres, únicamente s...

TU MUNDO EN EL MÍO

Es un mundo distinto. Su libertad intimida y desafía. En ese mundo no existen los nombres, los cumpleaños felices y nadie llora cuando el frío seca su cuerpo y el viento lo convierte en polvo, en granos de luz que se confunden en el cielo.

¿DÓNDE ESTÁ MIGUEL?

Estos son los últimos días, sentenció Miguel.  Desde entonces nunca más se le vio solo, las visitas fueron frecuentes desde las siete de mañana hasta las 11 de la noche. Su hermana mayor dejó en la puerta del dormitorio el rol de turnos, en él se detallaba los nombres de quienes lo acompañarían de lunes a domingo.  -La muerte se aprovecha de los hombres solos, solía decir, además de revelar que Miguel no debía dormir durante el día, por eso recomendó mantenerlo distraído con cualquier tipo de historias.  Lo acompañaban, sus hijos, los hermanos, las amantes, los sobrinos, los amigos y amigas, los gatos, los perros, los geranios, los cactus y el bambú.  Cada quien llevaba un tema especial para contar a Miguel. Los amigos hablan del Evo, la corrupción en la universidad y entregaban el detalle de los nuevos divorcios. Los hijos hablaban muy poco, por lo general leían poesía, cuentos de Kafka y Borges. Las amantes recordaban los viejos tiempos,...