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EL VIAJE

Fragmento del cuento EL VIAJE Esa mañana amaneció nublada y antes que el perro husmee por las hendiduras de su puerta, agarró una hoja de papel y escribió. -Me voy, gracias y disculpen por irme de este modo, estaré bien. Por favor no me busquen ni avisen a la policía. –Decía la carta escrita con lápiz rojo. Durante muchos años Mariel planificó este viaje, mejor dicho, su partida. Según sus cálculos los ahorros le durarían por lo menos tres meses, lapso suficiente para no trabajar. Pensaba que ese tiempo era necesario para conocer y dominar su nuevo territorio, que, como ella explicó muchas veces a sus amigos más íntimos, sería el único lugar donde no se sienta una extraña. -Es como un llamado profético -solía decir- no puedo postergar mi viaje porque temo perder el aroma de los árboles que llega desde tan lejos. No tengo otro modo para explicarlo. Seguro creen que estoy loca -decía entre risas- Desde niña esperó el momento para escapar a Coroico, en tanto conte...

Imago

Javier Calvo 

IMAGO

Queda la diminuta eternidad, el silencio libre, el día sin fecha ni nombre. Quedan las palabras imaginadas, la noche que no llega... queda de mi niñez la respiración que detenía a las gotas del verano. Javier Calvo V.

DOMINGO (II)

(De la serie Domingo...) A diferencia de otros días, por lo general, son silenciosos sus amaneceres. A esa hora es fácil distinguir el calor del pan, el olor del periódico y la densidad de la brisa helada. Nadie tiene prisa, solo el repique de las campanas que, a pesar de su agitada insistencia, no logra despertar a los perros vagabundos que se retuercen frente a los hilos de sol. Así son los domingos,  despreocupados y somnolientos para algunos; agonizantes, tristes y hambrientos para otros. Javier Calvo V.

DOMINGO

El domingo es el relato que se hace a sí mismo, que habita en su propia contradicción. Su silencio no es una alegoría del fin, es un punto en el entramado de las  palabras, es como el suspiro de Lázaro. Javier Calvo V. diciembre de 2019

ALAMBRITO

Alan Vargas. Foto. Gentileza Jaime G. 25 de agosto de 2016  Su mesa estuvo tapaba todo el día. Dicen que muy temprano ordenó los anillos trenzados, los aretes de alambre y el letrero escrito con bolígrafo rojo “Se hacen simbas”.  -Luego cubrió la mesa con otro mantel y se retiró -dice Patricia que tiene su puesto artesanal en el mismo sector, conocido hasta hace algunos años como “De los hippies”-. Ahí se vende artesanías desde los primeros años del 90, a un comienzo todos eran artesanos que tendían sus paños en el suelo. Viajeros que se quedaban en Sucre unos días y después prolongaban su viaje interminable. Hoy quedan pocos artesanos, en su mayoría son comerciantes que instalaron casetas y ofertan su mercadería en condiciones más seguras. Ninguno se viste como hippie y no huele a pachuli.  Llegó la hora de guardar los collares de bambú, los anillos de plata, las coloridas chalinas de lana, de hilo y algodón; los aretes, las manillas y los prend...

EL PRESIDENTE FULERO Y EL ROBO DE LA REVOLUCIÓN

No existe la menor duda entre los bolivianos que Evo, no conforme con desoír la decisión del #21F, hizo trampa para ganar las elecciones #2010. Cansados de estas y otras tantas cochinadas vistas con paciencia y estoicismo puesta a toda prueba durante los últimos 13 años y nueve meses, la gente sale a las calles a protestar y exigir nuevas elecciones en su derecho legítimo de pretender tener representantes probos y medianamente honestos. Ante esto, el evismo lanza proezas discursivas que caen en el cinismo y en la mitomanía que, en vez de calmar las aguas, atizan las llamas de la insurrección pacífica encolerizada.  Entonces, lo que vimos el 10 de noviembre, es que el tramposo al verse descubierto sus más íntimos cómplices comienzan a pedirle que salga despacio y cierre la puerta. Como en el juego de cartas, los pillos escapan queditos antes que todos se enteren que los estuvo robando y lo agarren a patadas. Evo hizo eso, escapó como cualquier vulgar tramposo estafa...