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AMAR CON EL VIH

Su infancia transitó entre Sucre y Tarabuco, 64 kilómetros de ir y volver por el mismo camino de tierra, en ese espacio frío la pampa y las montañas se mimetizan en el cielo y la imaginación da rienda suelta al deseo, al miedo, a la mentira, a la eternidad.  Luis Valdés nació en Sucre y vivió en Tarabuco hasta los cinco años, luego de un tiempo, su mamá decidió radicar en la ciudad junto a sus ocho hijos, sin que esto suponga romper el vínculo con su esposo, a quien lo visitaban los fines de semana y en las vacaciones para ayudar en la siembra y cosecha de papá, en la venta de ají y grasa, en el aprovisionamiento de yerba para los animales y en el pasteo de ovejas, en esa época, Luis además jugaba fútbol con sus amigos, saltaba por encima de las fogatas en San Juan y aprendía a cocinar.  Su papá es un terco agricultor que con los años le fue más difícil sentirse cómodo en la ciudad, por eso, cuando llega a Sucre a comprar víveres y otros enseres, únicamente s...

TU MUNDO EN EL MÍO

Es un mundo distinto. Su libertad intimida y desafía. En ese mundo no existen los nombres, los cumpleaños felices y nadie llora cuando el frío seca su cuerpo y el viento lo convierte en polvo, en granos de luz que se confunden en el cielo.

¿DÓNDE ESTÁ MIGUEL?

Estos son los últimos días, sentenció Miguel.  Desde entonces nunca más se le vio solo, las visitas fueron frecuentes desde las siete de mañana hasta las 11 de la noche. Su hermana mayor dejó en la puerta del dormitorio el rol de turnos, en él se detallaba los nombres de quienes lo acompañarían de lunes a domingo.  -La muerte se aprovecha de los hombres solos, solía decir, además de revelar que Miguel no debía dormir durante el día, por eso recomendó mantenerlo distraído con cualquier tipo de historias.  Lo acompañaban, sus hijos, los hermanos, las amantes, los sobrinos, los amigos y amigas, los gatos, los perros, los geranios, los cactus y el bambú.  Cada quien llevaba un tema especial para contar a Miguel. Los amigos hablan del Evo, la corrupción en la universidad y entregaban el detalle de los nuevos divorcios. Los hijos hablaban muy poco, por lo general leían poesía, cuentos de Kafka y Borges. Las amantes recordaban los viejos tiempos,...

PACO, LA PIEDRA QUE ACOMPAÑA EL SUEÑO DE LOS JÓVENES

El Concilio Vaticano II (1959 – 1965) sedujo a los jóvenes de los barrios populares, los hijos de obreros, migrantes y campesinos de Latinoamérica y de Bolivia en particular. El evangelio fue leído como el testimonio de liberación de los marginados, en ese contexto, los jóvenes salieron de la opción sacramental, que hasta entonces dominaba en la iglesia, al compromiso para transformar el mundo en un espacio de equidad, solidaridad y libertad, sin que esto signifique perder el sentido cristiano.  Esto no hubiera sido posible sin la presencia de sacerdotes, por lo general españoles, franceses y alemanes, que llegaron para formar grupos de reflexión y acción inspirados en la Teología de la Liberación (TL).  Paco (Francisco Dubert Nobo) es uno de ellos, llegó a Sucre a mediados del 60 junto a un grupo de sacerdotes españoles con el propósito de trabajar en el Seminario San Cristóbal. En esos años, la Iglesia Católica hervía, pero –como es de suponer- la resistencia ...

EN LA TARDE

Esa tarde no llegó al trabajo, su cartera se mecía y columpiaba cuando Andrés abría la ventana para mezclar el humo del cigarrillo con los olores que entraban de la calle. El mudo celular resbalaba por el escritorio cuando el vibrador reaccionaba con sus luces azules. Angélica, se paró tantas veces del sillón tentada en contestar, se detenía y volvía a mascar sus largas uñas verdes. Ivonne mantuvo una prudente distancia y evitó, cuanto pudo, mirar sus ojos, sus labios, sus manos. Veía los árboles y jugaba con la punta de los zapatos de charol, como queriendo dibujar surcos, tricas, círculos. -Cómo te fue en estos veinte años, -preguntó él- -No fueron veinte, creo que son más de veinticuatro –respondió y volvió a callar Ivonne- El sol, al comenzar la tarde, llegaba a todos los rincones de la plaza donde parecían escondidos, sentados en una banca improvisada de concreto. Ahí no se escuchaba la bulla de los micros ni de los voceadores que gritan …Pérez, la Ceja, 16 de julio… D...

EL QUERIDO RECO

Reco me sigue todas las mañanas mientras paseo con mis perros por alrededores de la calle donde vivo. Asume el papel de guardaespaldas de Lucho y Nena (mis perros), en ese rol, interviene con apronte cuando algún perro pretende oler el trasero de nenita o muestra sus caninos ante el ladrido provocador de luchito, entonces, Reco pone su cuerpo entre ambos para ahuyentar al atrevido intruso. Conocí a Reco hace diez años cuando empecé a vivir en la calle Ayacucho, lo veía en las noches en compañía de tres niñas quienes jugaban lanzando trozos de pan y él saltaba, aullaba y se tiraba al pavimento con las patas al cielo, “parece garrapata”, decía una de las chicas, en tanto Reco seguía frotando su gruesa espalda en el cemento. Luego, las acompañaba al parque haciendo gala de sus nuevas amistades corriendo detrás de los autos en un intento desesperado por morder las llantas, debido a esa costumbre muchas veces regresó cojeando y su piel conserva hasta hoy secas ...

ENERO

El aguacero de esa noche no impidió a Cecilia salir de su casa. Caminó despacio frotando su cuerpo por las paredes, casi de puntillas bordeaban sus pasos para no despertar a los perros que acurrucados se arrimaban en las puertas. Se detuvo en un poste de luz y observó a las gotas que caían en los adoquines y se convertían en burbujas que se desvanecían al bajar por la calle angosta.  Cecilia se sentó en la acera, como provocando a los charcos que de rato en rato se estrellaban en su rostro cuando los autos y las motos pasaban raudamente. Su blusa logró la transparencia y el pantalón fruncía sus piernas delgadas. De pronto, se escuchó el abrir brusco de una puerta que desde adentró llamaba a Cecilia. Ella se paró, se arregló el cabello y caminó con prisa por la calle angosta, en tanto, la lluvia seguía cayendo. Javier Calvo V. Enero de 2019