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Entradas

EN LA TARDE

Esa tarde no llegó al trabajo, su cartera se mecía y columpiaba cuando Andrés abría la ventana para mezclar el humo del cigarrillo con los olores que entraban de la calle. El mudo celular resbalaba por el escritorio cuando el vibrador reaccionaba con sus luces azules. Angélica, se paró tantas veces del sillón tentada en contestar, se detenía y volvía a mascar sus largas uñas verdes. Ivonne mantuvo una prudente distancia y evitó, cuanto pudo, mirar sus ojos, sus labios, sus manos. Veía los árboles y jugaba con la punta de los zapatos de charol, como queriendo dibujar surcos, tricas, círculos. -Cómo te fue en estos veinte años, -preguntó él- -No fueron veinte, creo que son más de veinticuatro –respondió y volvió a callar Ivonne- El sol, al comenzar la tarde, llegaba a todos los rincones de la plaza donde parecían escondidos, sentados en una banca improvisada de concreto. Ahí no se escuchaba la bulla de los micros ni de los voceadores que gritan …Pérez, la Ceja, 16 de julio… D...

EL QUERIDO RECO

Reco me sigue todas las mañanas mientras paseo con mis perros por alrededores de la calle donde vivo. Asume el papel de guardaespaldas de Lucho y Nena (mis perros), en ese rol, interviene con apronte cuando algún perro pretende oler el trasero de nenita o muestra sus caninos ante el ladrido provocador de luchito, entonces, Reco pone su cuerpo entre ambos para ahuyentar al atrevido intruso. Conocí a Reco hace diez años cuando empecé a vivir en la calle Ayacucho, lo veía en las noches en compañía de tres niñas quienes jugaban lanzando trozos de pan y él saltaba, aullaba y se tiraba al pavimento con las patas al cielo, “parece garrapata”, decía una de las chicas, en tanto Reco seguía frotando su gruesa espalda en el cemento. Luego, las acompañaba al parque haciendo gala de sus nuevas amistades corriendo detrás de los autos en un intento desesperado por morder las llantas, debido a esa costumbre muchas veces regresó cojeando y su piel conserva hasta hoy secas ...

ENERO

El aguacero de esa noche no impidió a Cecilia salir de su casa. Caminó despacio frotando su cuerpo por las paredes, casi de puntillas bordeaban sus pasos para no despertar a los perros que acurrucados se arrimaban en las puertas. Se detuvo en un poste de luz y observó a las gotas que caían en los adoquines y se convertían en burbujas que se desvanecían al bajar por la calle angosta.  Cecilia se sentó en la acera, como provocando a los charcos que de rato en rato se estrellaban en su rostro cuando los autos y las motos pasaban raudamente. Su blusa logró la transparencia y el pantalón fruncía sus piernas delgadas. De pronto, se escuchó el abrir brusco de una puerta que desde adentró llamaba a Cecilia. Ella se paró, se arregló el cabello y caminó con prisa por la calle angosta, en tanto, la lluvia seguía cayendo. Javier Calvo V. Enero de 2019

LUIS Y LOS 473 AÑOS DEL SUMAJ ORCKO

Luis trabaja en el Cerro Rico hace 22 años, es socio de la Cooperativa Unificada, una de las más antiguas de Potosí. Arrienda un paraje de la Mina El Rosario donde labura de lunes a viernes para producir 20 kilos de complex de plata (complejo de plata, zinc y antimonio), equivale a 200 bolivianos, es decir, 1000 bolivianos por semana, 4000 por mes, el doble del salario mínimo nacional.  De la bocamina a su paraje camina cinco kilómetros aproximadamente por una vía accidentada de diámetros irregulares, sobresalen rocas de diferentes tamaños, estalactitas y estalagmitas milenarias, agua y barro, gases que producen náuseas, mareos y dolores de cabeza.  Una vez en su paraje, baja seis metros por una empinada escalera amarrada con cuerdas improvisadas. Abajo esperan rocas, la oscuridad y el silencio que no sabe de ecos. Desde ahí se observa, gracias a las linternas, la beta con hilos de Plata, zinc y otras aleaciones De cuclillas, golpea la roca con el cincel y...

COTIDIANIDAD

Las calles han sido negadas por la política y los medios de comunicación. Gira y gira la ciudad sin nombre ni serpentina, donde los ojos se abren y se nublan en las plazas, en las esquinas, en los micros, en el cansancio y en los viejos tocadores. Nuestra memoria se hizo en las mañanas frías, en los zaguanes oscuros, en las tienditas a media luz. Esta ideología contestona y malcriada no la aprendimos en las lecciones de teoría política ni en los cafés de la zona sur, la vivimos en las ojotas, en las huelgas de hambre, en el hierro inoportuno, en el miedo oxidado. Así entendemos el arte, una opción de vida que se hace y deshace en la cotidianidad, recubierta con  ideología y fidelidad; el arte que no tranza con la soberbia de los afligidos cantores y poetas de manteles largos y corbatas azules. En las calles conocí a mis mejores amigos, a mis mejores amantes. Su compromiso aún me interpela y me llama, ...desde que se fueron, desde que partí, desde que llegué vivo en e...

SER FELIZ

-Soy feliz -dijo- Semejante osadía me halló desprevenido, desde entonces su alegría me desafía aun en los momentos más confusos y desesperados. ¿Qué es ser feliz?  En este tiempo de flagelaciones y mutilaciones mediáticas, de verdades clandestinas y  mentiras perfumadas. Cuando el sufrimiento deambula entre la oferta y la demanda, cuando el dolor de los pobres y  desdichados es la bandera de los ricos y poderosos... ser feliz es la más descarada irreverencia...  la cínica libertad de no saber cuánto se tiene o cuánto se pierde.

SÁBADO

No pudimos salir esa noche. Cuatro horas de intensa lluvia provocó que la escalinata se convierta en ruidoso y violento río que arrastraba piedras, botellas, ramas y zapatos abandonados. En los hechos, estábamos cercados por la lluvia que bloqueó la puerta, el techo y cuanto agujero  tenía la casa. Obligados a estrecharnos detrás de la ventana, veíamos a las gruesas gotas pasar por los postes de luz. Caían y rebotaban en el pavimento, luego, poco a poco se abrían camino en su eterno descenso  convertidas en charco y lodo. Preferimos no decir nada en tanto contemplábamos y escuchábamos a la lluvia. Jugamos con el aliento en los vidrios húmedos  e imaginamos a las gotas ocultarse en el pretil enmohecido del vecino, las imaginamos también perdidas en el mar.